El comienzo de la zafra azucarera 2012 encuentra a los principales actores de la actividad enfrascados en nuevas, aunque inveteradas diferencias. La falta de acuerdos entre cañeros e industriales para dar certidumbre y previsibilidad a la campaña y a la comercialización del azúcar expone un escenario inquietante para el desempeño de la economía de Tucumán. Ciertamente, se trata de una realidad sombría que se viene repitiendo cada año, toda vez que el diálogo entre los sectores parece haberse transformado en un bien argumental descuidado y escaso. Así, el cuadro de tensión que viven en estos días las familias azucareras, muestra responsabilidades compartidas, aunque no es menos cierto que el sector industrial -clave en el desarrollo de la actividad- tiene la llave de muchas de las respuestas que demandan los cañeros y también los trabajadores. Por su efecto socializador y su impacto en la construcción de Producto Bruto Geográfico, en torno al 11 % del total, el desempeño del sector azucarero es fundamental para la economía tucumana.

El destino de los excedentes de la producción de 2011, la retención de azúcares al productor, la búsqueda de un precio que permita una razonable rentabilidad por medio de una comercialización consensuada, la previsión de la producción de la campaña, junto a un progresivo incremento de la producción de alcohol serían los elementos centrales de un debate que inexplicablemente no encuentra su cauce.

La ausencia de diálogo quedó evidenciada en la nota que las entidades que representan a los productores tucumanos, Unión Cañeros Independientes de Tucumán (UCIT), el Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu), la Unión Cañeros del Sur (UCS) y Cañeros Unidos del Este (CUE), han presentado al gobernador de la provincia para denunciar la falta de respuesta de los propietarios de los ingenios a los pedidos de reunión. Los productores advierten de "un mal manejo" de la actividad por parte de los industriales y plantean al mandatario provincial que la actividad atraviesa una "difícil situación". Hasta aquí, una mesa azucarera, compuesta por sus protagonistas de mayor peso, entre los que sobresalen los ingenios del norte del país (los principales comercializadores del producto), ha permitido algunos entendimientos, que con sus más y sus menos, fueron determinantes para la tonificación del precio del azúcar y un cierto orden en la actividad. Cuando el ingenio La Florida puso en marcha la presente campaña -a fines de abril- fue el gobernador quien alentó a las partes a sentarse a dialogar para definir el rumbo de esta zafra. Esa aspiración no encontró todo el eco necesario para superar el panorama; hoy ya son cuatro fábricas de las 15 instaladas en la provincia que mueven sus trapiches y gran parte de la incertidumbre se mantiene.

Desde el lado industrial, advierten que gran parte de la dificultad para destrabar el caso está centrada en el impedimento que encuentran para exportar azúcar, en razón de las políticas selectivas de la Secretaría de Comercio. Mercados tradicionales para el azúcar tucumana, como el de Chile, enfrenta problemas en ser abastecido en razón de las trabas que sufren las exportaciones. Esta situación, sumado a una cantidad importante de producción informal (en negro) que se elaboró, explican otras dificultades para resolver el cuadro y su incidencia negativa en el mercado. Así, a la falta de diálogo entre los sectores y las cuestiones de estrategias exportables en lo que Tucumán y las otras provincias azucareras no tienen incidencia, forman un entramado complejo y arduo de resolver. Tampoco se entiende que el Estado, especialmente Tucumán, no tenga una participación activa en la búsqueda de soluciones y en la definición de criterios estratégicos para el sector. Por todo lo que significa el azúcar para nuestra provincia y el norte, es de esperar una pronta reacción oficial y el regreso al sentido común entre los sectores para resolver un panorama que podría complicarse aun más.